¿Te sientes cómoda yendo a tu viaje de negocios cuando tu pequeño está de vacaciones y quiere compartir con mamá? ¿Alguna vez te ha tocado quedarte en la oficina trabajando horas extras y tu hija necesitaba comprar un determinado libro para la actividad del día siguiente?

 

Situaciones como éstas pueden engrosar una historia novelada, pero a veces la culpa nos atrapa cuando vemos que el tiempo nos absorbe y no sabemos cómo manejar cada acontecimiento donde la familia nos reprocha y nosotras caemos en desesperación total.  Pero si en lugar de victimizar, tomamos el control de nuestra vida y decidimos hacer cambios para poner orden ante la doble responsabilidad que nos enfrentamos, pues estaremos próximas a alcanzar el objetivo que nos propongamos a partir de ese instante.

 

Aún recuerdo un día en que llegó a mi consulta una recién estrenada mamá al borde de una crisis porque se le mezcló un ascenso en su oficina, la reestructuración de su vida pues pasó de ser esposa a ser madre y encima la doméstica que le ayudaba se fue a vivir al interior… Caos total.  Por eso es que hay que respirar profundo, vivir cada día con la apertura de aprender, de superar cada prueba con mente positiva y segura de que al final será una experiencia más, resuelta de la mejor manera.  Así que a continuación, quiero dejar algunas recomendaciones:

 

  • No sólo te limites a ser mamá por instinto, también esmérate en adiestrarte adquiriendo habilidades en diversos escenarios como en el tema limpieza, organización de tu tiempo, alimentación saludable, salud infantil, mantenimiento de las cosas en casa.  Si tú sabes de lo que estás hablando, podrás delegar en tu personal doméstico.

 

  • Aunque te sientas abrumada por muchas responsabilidades, respeta tu tiempo para atenderte, para ir al salón de belleza, para hacer un buen facial, para meditar y orar en algún momento del día, para hacer tus pagos, tus llamadas telefónicas…

 

  • Organiza tus actividades de modo que puedas utilizar un criterio de engranaje, evita todo tipo de distracciones que no permiten concentrarte en lo verdaderamente necesario.  Jerarquiza tus mandados y da prioridad buscando un equilibrio entre hogar y trabajo.

 

  • Aprende a delegar en terceros, incluyendo a tu esposo, tus hijos por pequeños que éstos sean.  No te quedes atrapada con toda la responsabilidad sobre tus hombros cuando debe ser una tarea compartida de dos: papá y mamá, no de mamá solamente.

 

  • Jamás utilices la frase “es que no tengo tiempo” si tu esposo te invita a salir o darte una “escapada”.  Más de un matrimonio se viene abajo porque la balanza no está en armonía sino de inclina de un solo lado, y descuidas tu relación de pareja, creando una relación hosteoporótica, es decir, con porosidades y permeable a cualquier “distracción visual atractiva”.  Es preferible que planifiques bien tu tiempo, te ayudes con una agenda y estés siempre lista para cuando sea necesario.

 

Hasta el próximo compartir…

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