CUÁNTO NOS ABSORBEN PERO CÓMO LOS AMAMOS...

A mi consulta llegó una mañana, una joven madre extenuada ante la recién estrenada ocupación de ser mamá, sin haber calibrado el cuidado que representaba su pequeño bebé: Más tiempo pasaba bañándolo, dándole de comer, cambiándole el pañal y durmiéndolo, que realizando otras actividades que ella quería hacer y que fue postergando por dedicarse a su pequeño.

Si bien es cierto que un bebé demanda atención y tiempo, también lo es que cedemos todo nuestro espacio personal, y cuando nos damos cuenta, internamente llevamos consigo frustración, agotamiento, malestar, porque ya no salimos con nuestro esposo, no podemos salir de compras con tranquilidad, cuando estamos listas para salir el llanto del bebé nos detiene o nunca falta el característico "buchecito de leche" que regurgita manchando la ropa, lo que implica una demora para realizar el cambio respectivo y emprender la salida...

Nuestras abuelas sabiamente decían que todo extremo es vicioso, así que el reto es lograr un equilibrio en nuestro estilo de vida, ya que ser mamá implica un reordenamiento de nuestra rutina diaria, nuestros hábitos en casa dedicándole el tiempo necesario para procurar que nuestro retoño esté bien, pero sin descuidar lo que nos da satisfacción, tan sencillo como leer una revista, ver algún programa de televisión, compartir con nuestro esposo, realizar algún deporte, o sencillamente respirar aire fresco mirando por la ventana sin que nadie te interrumpa, pues ese ligero ocio también es sano para despejar la mente y disfrutar de la vida.

La estrategia está en saber manejar una agenda con flexibilidad pero sí con organización, jerarquizando todos los pendientes por hacer, pero reservando el espacio necesario para ti, porque hay que comenzar desde el primer día del nacimiento del bebé a distribuir con eficiencia nuestra jornada, dejando holguras por si algo sucede que haga cambiar nuestro plan.

Aunque sea un pequeño de pocos días, comienza desde el primer momento a fomentar hábitos: Respeta sus horas de sueño, de comida, de tomas de sol, de bañarse, de jugar y distraerse en su mundo. Cuando los queremos ajustar a nuestra conveniencia, ellos no tienen otra opción de elección, pero muchos se agitan o descontrolan y el hábito se resquebraja. Intégralo a tu vida familiar, la educación es fundamental desde temprana edad. Los límites definidos -haciéndolo con amor y no violencia- facilitan su crecimiento. Un NO a tiempo evita peores males. El problema es esa permisividad mal llevada que los convierte en seres que muchos evaden por su conducta. Ánimo en esta etapa y que sean más los momentos de dicha que te hagan una feliz mamá.

Hasta un próximo compartir.


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